miércoles, 23 de octubre de 2013
lunes, 21 de octubre de 2013
Adiós a las Humanidades y bienvenidos al lager
La excusa de la
rentabilidad económica está haciendo desaparecer de nuestro sistema educativo
los estudios de Humanidades, uno de los pilares de una educación integral,
crítica y liberadora. No eres rentable, luego te eliminamos.
Son numerosos los
centros de educación secundaria de nuestra región a quienes les han obligado a
suprimir las materias de Latín, Griego, Historia del Arte o Literatura
Universal. El pretexto no ha sido otro que el bajo número de alumnado
matriculado en la modalidad de Humanidades. Si a esto añadimos que la LOMCE
hace casi desaparecer la Música de los currículos o deja a la Filosofía en 2º
de Bachillerato como una materia optativa que se puede elegir entre otras
muchas, incluidas la Religión, el futuro que espera a estos estudios es
desolador. Pero más desolador es sin duda el horizonte que le aguarda a una
sociedad que se rige exclusivamente por motivos de índole económico.
Como todo el mundo
sabe, Humanidades procede del latín homo, ser humano, y estos estudios se
llaman así porque están dirigidos a educar lo que es más propio de los seres
humanos, esto es, su razón. Una razón que es común a todos los hombres y
mujeres, independientemente de su condición social, sexual, racial o de
cualquier otra índole. Las Humanidades educan la razón humana en su totalidad,
enseñan a discurrir de una manera correcta, sin prejuicios, sin sofismas, sin
engaños ni falsedades. Por ello, cuando una persona aprende a bien pensar se
hace más humana, es decir, puede ejercer mejor su libertad y trabajar por un
mundo sin privilegios, puesto que comprende que si la razón es común, común ha
de ser el bienestar de todos los seres que comparten la comunidad. La razón, la
libertad y el bien común, estos son los objetivos que persiguen las
Humanidades.
Sin embargo, un
sistema educativo que mira solo la rentabilidad económica, que considera a las
personas que estudian exclusivamente como engranajes que deben ser incrustados
en un mercado laboral (por cierto, ¿de qué mercado laboral hablan cuando
existen 6 millones de personas despojadas de su derecho al trabajo?), es un
sistema educativo que instrumentaliza a los seres humanos, que los utiliza como
herramientas, como simples medios para alcanzar un fin. En consecuencia,
quienes diseñan estos planes de educación están minando nuestra mayor grandeza,
nuestra dignidad humana, que consiste en que cada persona es un fin en sí
misma.
El primer objetivo
de los nazis que administraban los campos de concentración era matar la
dignidad de los presos para hacer luego de ellos, sin ninguna protesta o
rebelión, cualquier cosa, desde jabón a humo y cenizas. Este es sin duda el
camino que nos quieren hacer tomar quienes hacen desparecer de nuestros centros
educativos todo vestigio de pensamiento, de crítica, de libertad y de dignidad.
En nuestra mano está aceptar el camino del matadero o bien no renunciar a la
razón y rebelarnos.
Conrado Santamaría
martes, 15 de octubre de 2013
L’ÂGE D’OR. José Mª Álvarez
L’ÂGE D’OR
La esperanza tiene siempre encogido el corazón
-Salvatore Quasimodo-
Leo a
Virgilio La
Tarde estalla
Con toda su espesura Alá es Eterno canta
Una voz abrasada Burroughs
Pasa los días disparando
Con su revólver contra
La
Pared Mi
General Giap da
Ejemplo matando Anquises muestra
A Eneas
Los romanos que han de sucederle
José María Álvarez (Cartagena, 1942, es un poeta y
novelista. Su principal obra es Museo de
cera (1970).
miércoles, 9 de octubre de 2013
Jardín en las afueras. José Agustín Goytisolo
Jardín
en las afueras
Fulgor de realidades: en la sombra
en la luz y entre árboles y hiedra
supo el joven que su alma era también
su cuerpo –lo mismo que el aroma
de la flor es la flor– y escucha ahora
decir que el sumo bien entre los hombres
es la amistad y no los muy inciertos
e inicuos dioses.
El
tiempo –piensa–
ha de caer mas no podrá quitarme
lo que aquí yo he aprendido:
fin en sí misma la amistad es ventura
que solo exige en otro una respuesta.
Y la voz del maestro prosigue: <
clara en la acequia y que no falte el pan;
el resto sea lujo>>. Hasta el jardín
en las afueras llegan atenienses
para escuchar a este hombre al que muy pronto
los deshonestos llamarán impío.
Y
el joven
en su interior repite: corra el agua;
corra y llene el jardín de frescura y rumor…
Y al fijarse en los ojos de Epicuro
una idea le asalta como una sacudida
y formula un deseo o un conjuro:
¡Jardín de realidades: permanece;
no en otro mundo sino en este sitio!
José
Agustín Goytisolo (Barcelona, 1928 - Barcelona, 1999) fue poeta
y escritor. Entre sus obras: Bajo
tolerancia, 1973 y Palabras para
Julia, 1979.
miércoles, 2 de octubre de 2013
El laberinto en el laberinto. Antonio Orihuela
El laberinto en el laberinto
He visto muchos laberintos:
El laberinto de Cnossos,
que servía para guiar a las danzantes
en un sensual baile que ejecutaban al llegar la
primavera.
El laberinto que hay tallado en una roca
cerca de la ermita de Nª. Sra. de Piedra Escrita.
El laberinto de las paredes del CBGB,
en el Bowery, Lower
East Side de Manhattan.
El laberinto de una camiseta de Paris Hilton
en la que se lee DEATH TO THE RICH.
El laberinto de las calles de Rabat Es Sefli, del Aaium,
del Husts, del Auki, del Mel-lah, todas confundidas
en los ojos de una paloma blanca llamada Tetuán.
El laberinto de las civilizaciones, de las religiones,
de los ladrones.
El laberinto de los Gobiernos, los ministros, los
banqueros,
los jueces, los abogados y los medios de comunicación.
El laberinto de los trust, los holding, los lobbies.
El laberinto del mercantilismo, de los negocios,
de la corrupción, del egoísmo.
El laberinto de la estupidez, de la vulgaridad, de la
sangre.
El laberinto abismal del proletariado.
El laberinto de los sueldos de miseria
y las jornadas extenuantes.
El laberinto del trabajo infantil, del hambre
y la falta de vivienda.
El laberinto del fracaso del capitalismo
para gestionar la riqueza.
El laberinto de los cuerpos.
El laberinto de aquella adolescente que me decía
que no quería ser recordada
porque se consideraba una más
del montón de gente que no será recordada.
El laberinto de la infelicidad, de los suicidas.
Todo en el laberinto, sin afueras,
nuestra casa sin centro
donde el único cobijo es andar por él,
perdidos, desorientados, fragmentados,
sin mucha idea del sentido o del sinsentido de la vida,
un enigma que crece con las preguntas que lo nombran
y que siempre nos gana la partida,
porque somos nuestra propia presa
y tendríamos que saber vivir con esta certeza,
y disfrutar hasta el final con esta cacería
donde Teseo tira del ovillo de Ariadna
y se encuentra que el hilo
termina en su propia boca.
Antonio Orihuela (Moguer,
Huelva, 1965) es poeta, ensayista y articulista. Su obra literaria e
intelectual, de marcado carácter libertario, participa del movimiento colectivo
de la poesía de la conciencia. Entre
sus obras: Todo el mundo está en otro
lugar, 2011 y Cosas que tiramos a la
basura, 2012.
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