
Arriba, el balcón del frío,
las balaustradas del aire,
el cielo y los ojos míos.
Abajo, el mapa: tres ríos
y un puente roto, sin nadie.
Rafael Alberti
Juncos
No te despiertes. Deja
la margen izquierda del horizonte azul grana,
y asciende entre la niebla hacia el palacio apaisado de Lerma.
Siéntate. Suspira apenas. (No te despiertes.)
Contémplate en el espejo de la fuente de junto a la iglesia,
y si acaso llueve o hace viento o gime un niño,
únete a la cuadrilla de segadores que camina hacia Covarrubias,
con una hoz anaranjada junto a las anchas alas de sus sombreros pajizos,
gira un poco hacia la colina
(no te despiertes), y penetra entre los juncos del Arlanza,
húmeda de rocío y desnuda de luna (no te despiertes).
Blas de Otero
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